Angine de Poitrine: La geometría del caos
Se abre el telón. Lo primero que vemos es a dos personajes vestidos con lunares y grandes máscaras de papel maché. Suena el primer acorde y, a partir de ahí, lo que parecería ser un acto a cargo de un estrafalario dueto, se convierte en la ejecución de una ciencia musical exacta.
Lo único que sabemos es que Angine de Poitrine está conformado por dos canadienses que fusionan influencias que van desde el rock progresivo de los años 70, hasta el jazz experimental, el funk y el punk. No necesitan más instrumentos que una guitarra/bajo de doble mástil con trastes adicionales, una batería tradicional y seis pedales alineados milimétricamente.
No hay quien sea capaz de ignorar el ritmo que marca la pauta en los conciertos de Khn y Klek de Poitrine. Lo suyo es la liberación y casi exorcización del cuerpo que danza sin parar desde que escucha la primera nota. A primera escucha, arece un caos geométrico desatado por la visita de un dueto alienígena sobre el escenario. No lo es, puesto que, en prealidad, se trata de un ritmo administrado matemáticamente.
Angine de Poitrine se formó en Quebec en 2019. Su primer disco, “Vol. 1”, está disponible desde 2024. Pero fue hasta comienzos de 2026 cuando el dieto canadiense saltó a la viralidad de esta era digital. En Vol. I presenciamos el nacimiento de su sonido en su estado más crudo y directo; mientras que en su segunda entrega, Vol. II, la producción se torna más compleja, pero sin perder el atractivo que los caracteriza.
Hay una razón científica que explica por qué es que no podemos dejar de escucharlos. De acuerdo con un artículo de la Revista Científica Americana, este dueto utiliza la neurobiología y la física al componer. La guitarra/bajo incluye trastes adicionales porque las canciones están compuestas a partir de microtonos que no se utilizan en la música occidental.
Desde que somos bebés nos acostumbramos a escuchar la música tradicional de 12 tiempos. Ahora bien, Angine de Poitrine vino y lo l levó a un nivel más arriba al incorporar el doble de notas para ampliar su escala y jugar con los microtonos que quedan en el medio. Este anzuelo musical se complementa con la adición de bucles más predecibles en sus canciones para que, cuando lo escuchemos, nos identifiquemos con el ritmo y la canción no parezca un caos sin remedio.
Más allá del rock matemático, mi conclusión sincera es que a Angine de Poitrine no hay que diseccionarlos tanto. Solo hay que disfrutar cada disco.
Este dueto cósmico busca envolvernos en un conjuro bailable, en un ritual que solo termina hasta que el disco llega a su fin. ¿Podrán acaso ser unos extraterrestres enviados a través de los confines espaciales para rescatarnos de una era en la que la IA está a la orden del día para generar música algorítmica y estandarizada?

